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05/19/2008

Los problemas del centralismo nacional-estatista

Publicado por Juan Fernando

La clase política aprovecha el Estado-Nación para generar una serie de instituciones que les permitan no sólo manipular a las grandes mayorías, sino también saquearles sistemáticamente.

a) La banca central, bajo el guiso de “tener una moneda propia”, permite inflar la cantidad de dinero para beneficiar a exportadores –via tipo de cambio, banqueros –via una relación desmejorada del tomador de créditos, y los mejor conectados en general, a costa de grandes masas de gente que ven reducir su poder adquisitivo salarial y sus ahorros para la vejez. En vez de oro, plata o dinero respaldado en ellos mediante contratos de convertibilidad directa, nos entregan papeles con rostros de militares y políticos muertos. Esto perjudica a los menos conectados, y cuando ocurre drásticamente, genera migración del campo a la ciudad (centro de redistribución política), generándose bolsones de pobreza pues es imposible asimilar ritmos tan rápidos de movimientos poblacionales. El caso local y concreto son los Guasmos en Guayaquil, o las Favelas o Villas Miseria en Brasil y Argentina respectivamente.

b) Los impuestos nacionales, que van a un fondo común, dejan de responder a usos locales –en el mejor de los casos- y sirven junto con la inflación, para financiar el aparato de propaganda estatal, las guerras o una simple confiscación parcial de una buena parte del año productivo de cada persona, que antes hubiese sido calificada como servidumbre[i]. Lo que los intelectuales y comunicadores de la corte hacen es convencernos de que en un sistema democrático, “nos lo hacemos a nosotros mismos”, por tanto no hay saqueo alguno, si no redistribución de la riqueza. Ya que una parte del ser humano es generosa y otra parte prefiere delegar que hacer, los impuestos bajo la máscara de “solidaridad” han hecho que se cumpla el viejo adagio de que quien parte y reparte, se queda con la mejor parte. Es ínfimo el porcentaje de los impuestos nacionales que llegan a los beneficiarios declarados. Y adicionalmente, cabe preguntarse si la clientela política resultante (“beneficiaria”) es gente a la que se quiere ayudar a salir de la pobreza, o a la que se quiere mantener en situación de dependencia para que apoye al partido gobernante en la próxima elección o simplemente para que el jefe de Estado pase a los anales de la historia por su magnanimidad con dinero ajeno. 

c) El proteccionismo por su parte, encuentra justificación propagandística en “defender la industria y el empleo nacional”. Es un slogan muy útil, que distrae al público del hecho de que si importara de otros lares lo que le obligan a comprar del oligopolista o monopolista local, obtendría tanto el bien A como el bien B, que pudo importar o comprar localmente. En ambos casos, tanto el comercio como la producción del bien B generan empleos iguales o más numerosos que el engañoso proteccionismo. Este sistema equivale simplemente al proverbial caso del zorro cuidando del gallinero. En el Ecuador se llegó al absurdo de prohibir de facto la importación de automóviles en el gobierno de 1984-1988. Lo triste es en este caso la línea de intelectuales de la corte desde Lizt en el s.XIX hasta Chang en nuestros días que pretenden vestir con un manto de nacionalismo progresista, dicha protección a un puñado de ricos a costa de millones de familias que pierden la oportunidad de una calidad de vida mejor.

d) Los commanding heights o “áreas estratégicas”. Lenin se dirigió por última vez al Comité de Comisarios del Pueblo para enfrentar las críticas a

la N.P

.E. diciendoles a sus camaradas que “mientras tengamos los altos de control de la economía, las grandes industrias y recursos, el socialismo no estaría en riesgo”[ii]. Los analistas liberales más brillantes de nuestro continente como lo son Enrique Ghersi y Guillermo Yeats, han destacado que la propiedad del subsuelo en manos del Estado-Nación ha generado círculos viciosos de exclusión, corrupción y fortunas mal habidas. El Banco Mundial recientemente publicó un estudio[iii] sobre el mismo fenómeno: los regímenes autoritarios y represivos de los derechos individuales, se ven potenciados y fortalecidos cuando sube el precio mundial de los bienes administrados por el Estado. Yerran los analistas que consideran neoliberales o capitalistas las economías latinoamericanas, cuando las áreas estratégicas (término guerrerista, dicho sea de paso) son propiedad del Estado en la mayoría de ellos. Los Estados, al contar con una fuente de ingresos independiente de impuestos o mejor aún, tasas, pueden salirse con la suya en una serie de atropellos a la razón y la justicia, siendo el caso más representativo en los albores de siglo XXI

la Venezuela

de nuestra región, superando con creces a los regímenes represivos de Medio Oriente en su alcance.

e) La inflación legal que genera el Estado-Nación es abrumadora para cualquier pretensión de vivir bajo un imperio de la ley y no de los políticos. El fijarse no en la justicia o precedente de una ley –iusnaturalismo o consuetudinarismo- si no en el mero procedimiento, como propuso Kelsen, llevó a la corrupción del derecho y a daños sociales incalculables en Occidente. La receta kelseniana permite perfectamente atropellos como los de Lincoln y Hitler, pues basta con que se siga el procedimiento estatalmente asignado al Estado, y tenemos una legislación con total legitimidad democrática.  Qué distinto del common law, que se sometía al sentido común de juez y los presentes, o el iusnaturalismo, que medía una ley o contrato contra estrictas formas de respeto al individuo. En el Ecuador, se calcula que hay más de 70.000 cuerpos legales activos. 60% han sido emanados desde el Poder Ejecutivo, en forma de acuerdos (mandatos) ministeriales, decretos-ley y similares. Pero peor que la existencia de un cuerpo de legislación inflado e inevitablemente por tanto, contradictorio, es la aplicación arbitraria de la legislación por parte de funcionarios de baja categoría, en instancias cotidianas, dañándose profundamente la posibilidad de pensar y actuar a largo plazo. Esto afecta no sólo la producción y el ahorro, si no el carácter cultural mismo de una sociedad.

f) La educación masificada. Los Estados-Nación requieren de ciudadanos obedientes de cada ley o decreto que emerjan de su aparato. Jurar amor a una bandera, entonar un himno, usar billetes nacionales, son apenas pequeños indicativos de lo que representa el Estado-educador. Desde sus inicios, la educación estatal ha sido mucho más una herramienta de adoctrinamiento y adormecimiento, germen del hombre-masa, que de formación de individuos productivos y auténticamente solidarios. Baste el dato de que Inglaterra llegó hasta el 95% de alfabetismo funcional hasta los 1820’s en que el Estado empezó a “ayudar”, y ahora el analfabetismo funcional bordea el 20% en ese mismo país[iv]. Pero se le incluye bajo el apartado de “expoliación” pues educarse y hacerlo bien entre los 5-16 años de educarse, no vuelve más en la vida de una persona, y es un costo de oportunidad, un robo mayor.

g) La torpeza administrativa, pues los intelectuales de la corte nos han convencido de que obtenemos “servicios” del Estado, y no contraprestaciones por impuestos, y además la propia maquinaria estatal no responde al sistema de precios lo cual como nos enseñó el mejor economista de la historia, Ludwig von Mises, aisla al productor u ofertante, del consumidor o beneficiario, impidiendo la asignación inteligente de recursos, la creación de valor agregado y otros defectos que la ausencia de competencia evidencian en nuestros países. Las largas filas, el maltrato al usuario y la deplorable situación de las instalaciones son testimonio inequívoco del fenómeno.

(Parte del capítulo "Decentralización Profunda" para Políticas Liberales Exitosas 2)

[i] Los siervos de la gleba, en el medioevo, pagaban al señor feudal por “protección” un 20-30% de sus cosechas. ¿Cuánto toleramos ahora y por qué no nos sentimos siervos de nadie? He ahí la ilusión democrática que crea el Estado-Nación.

[ii] Documentado en el libro ganador del Pulitzer “Commanding Heights”, de Daniel Yergin.

[iii] El caso venezolano, se encuentra en:  www.people.hbs.edu/rditella/papers/WPVenFeb16.pdf

[iv] Vease “Education without the State”, James Tooley, IEA, Londres

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