Más allá del regionalismo
Publicado por Francisco Paez
Recientemente algunos medios de comunicación han servido de palestra para una riña pública al más puro estilo de la politiquería ecuatoriana. En un bando se encuentran representantes de la vieja guardia política guayaquileña y en el otro un empresario quiteño que ha construido un imperio alrededor del negocio bancario. El trofeo para el ganador de esta riña será la subsistencia o la caída de un banco que representa el 27% del sistema financiero nacional. En el medio está el Ecuador y, aunque se pudiera percibir de otra forma, esta disputa va más allá del regionalismo, rompe una vez más la barrera de la irresponsabilidad, y amenaza con coartar los intereses nacionales.
La Superintendencia de Bancos y Seguros se ha pronunciado ya sobre el adecuado bienestar de este banco, así que antes que hacer un comentario técnico sobre la situación de la entidad en cuestión, quisiera comentar sobre las consecuencias para el país que puede tener la desestabilización del sistema financiero. Quizás empiezo por lo más sencillo: según el más reciente reporte de la Superintendencia, el Banco del Pichincha tiene 334.467 cuentas de depósito costeñas por un monto de $325,6 millones. Así que tengamos claridad respecto de lo que hablamos: no porque el nombre del banco incluye la palabra “Pichincha” dejaríamos de afectar a ciudadanos de otras provincias.
Quizás lo más difícil de ver, sin embargo, es el efecto sistémico que se puede causar el jugar con la reputación de un banco que representa una cuarta parte del negocio bancario del país. Me pregunto si quienes están detrás de esta riña se han puesto por un instante a pensar en que están jugando con el bienestar de ciudadanos de todo el país – clientes o no del Banco del Pichincha. Si es que lo han pensado, me pregunto si es que les importa. Ojalá la sociedad civil tenga la capacidad de ver las nefastas consecuencias del jueguito político del mes, y condenemos el que el objeto de dicho jueguito una vez más sea el bienestar de los ecuatorianos.
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